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Bajarse del sillón, de la nube, del pedestal...

  Vas avanzando, circulando, moviendote al ritmo que tus pasos marcan. Muchas, muchísimas veces, crees haber llegado allí donde pretendías. Estás bien. Te sientes bien. Con lo que dices, con lo que haces, con lo que los demás dicen que haces. Con como haces sentir al otro, a la otra, con tu sola presencia. ¡Qué maravilla! ¡Qué sensación! ¡Qué felicidad! Ahí estás. Donde mejor se puede estar. Donde tu corazón, tu mente y hasta tu alma se han puesto de acuerdo para que estes. Y entonces, ¿qué pasa? ¿lo tienes todo claro de verdad? Crees que sí. Ves lo nunca visto. Sientes lo nunca sentido.

  Pero la inconsciencia está al acecho, se alía con tus oscuridades para introducirse por los intersticios de tu luz inmensa. Acuden al mejor instrumento, al que siempre acude y está esperando cualquier oportunidad para manifestarse, el ego. Un inmenso ego que nos exclaviza y nos invade de su falso orgullo. Y traspasadas nuestra débiles defensas de consciencia nos hallamos otra vez en un trono de mentira. Ese que nos hace creer que somos lo que no somos. Ese que nos situa por encima de alguien o de algo cuando en realidad es la misma mierda la que nos cubre. Parece sencillo ¿verdad? Lo es. Y a pesar de ello nos complicamos en análisis, razonamientos, justificaciones, suposiciones... que no llevan a ninguna parte más que a permanecer en nuestra ignorancia del ser. Hasta que no nos demos cuenta de que todos somos uno sin excepción y lo integremos completamente no daremos el gran paso evolutivo que nuestro equilibrio pide a gritos. Sí, todos somos uno. ¿Y qué significa esto? Muchas cosas. Humildad. Aceptación. Alegría. Amor inmenso. Tú eres yo. Yo soy tú, y todos somos. Ya lo dijo en su día el Nazareno, "Lo que hagas al más pequeño de tus hermanos me lo estarás haciendo a mí", "Lo que yo hago vosotros lo haréis y más". ¿Acaso estás palabras no transmiten en su esencia el mensaje de unión que nos es propio? Todos estamos unidos y somos lo mismo en esencia. Por tanto, tenemos que aceptar, queridos lectores, que el criminal, el asesino, el violador, el genocida..., todos estos son yo, son tú. Así que el camino no está en la condenación, en el odio, sino en la redención, en el perdón, en mostrar con el ejemplo a las almas oscuras la luz que llevan dentro y ayudarlas a que salga. Con esto no quiero decir que se las libre de toda responsabilidad de sus actos, todo lo contrario, pero nosotros actuemos desde el Amor. Un criminal no es más que un inconsciente que hace lo que puede con lo poco que sabe. Y aunque la gran mayoría se rasgará las vestiduras al leer esto, yo os digo, "Hitler también fue al cielo".

  Nosotros por nuestra parte hagamos lo que esté en nuestra mano en nuestra vida cotidiana, en nuestro campo de acción del día a día, que, aunque muchos no lo creáis es el más destacado. Hagamos del ejemplo nuestro predicamento. No hay por qué irse a un monasterio, rezar continuamente, irse al "quinto pino" o lo que sea para encontrar lo que buscamos, porque está dentro de nosotros. Sé que muchos me dirán que todo esto es palabrería y que quien no tiene una comida decente que llevarse a la boca no se va a andar con zarandajas del interior. Así es,cada uno está donde está y parte de donde parte y para estas personas su prioridad en esta vida es el buscar su alimento, pero yo os digo que dentro de su actividad prioritaria, con su forma y acción, también pueden practicar el amor, y a veces con mucha más "intensidad" que cualquier otra persona pretendidamente más concienciada. Así que, lo dicho, bajémonos todos del sillón tronal al que es tan fácil encaramarse  enaltecido por las alabanzas, y seamos todos uno. 

16/10/2009 14:13. juanluna #. Espiritualidad No hay comentarios. Comentar.


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