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Perdidos en la forma

¡Qué fácil es autoengañarse! La fuerza de la costumbre se vuelve prodigiosa y nos lleva a creer en vez de a ser. Actuamos guiados inconscientemente por la trilogía del Tener-Hacer-Ser y nos decimos: "Cuando yo tenga dinero, haré lo que siempre he querido hacer y entonces seré feliz" "Cuando yo tenga pareja, haré una vida plena y entonces seré una persona completa" "Cuando tenga la casa de mis sueños, viviré tranquilo y entonces estaré en paz" ¡Qué engañados estamos! Es como plantar una semilla en una tierra baldía, como construir una casa por el tejado, como empezar un árbol por las ramas. Y no nos damos cuenta. Seguimos cayendo una y otra vez en la trampa de la forma que nos recibe deseosa con los brazos abiertos. Dándole importancia a las cosas que no la tienen. Luchando contra la vida en vez de aceptarla y fluir con ella.

  La maquinaria de difusión está estupendamente engrasada y los siglos de práctica hacen que funcione a la perfección para servir a los propósitos de aquellos que no quieren otra cosa que perpetuar lo establecido. Un sistema basado en el ego, en el poder y el interés de unos pocos, que está condenado a la extinción. Muchos ya sentimos que está dando sus últimos estertores. La consciencia de la humanidad aumenta y aunque diariamente a través de los medios del despropósito se nos quiera convencer de lo contrario, se nos quiera invadir de desesperanza, horror y temor, todo esto no es más que un montaje, una sarta de mentiras, todas con el mismo patrón, utilizadas una y otra vez para contaminarte, para esclavizarte, creándote miedos que te paralizan, necesidades vanas y totalmente superfluas para justificar una y otra vez un consumismo voraz, una existencia basada en la apariencia, en lo exterior, en lo que no permanece. Es cierto que son tiempos confusos, pero la fuerza divina del Amor Incondicional que reside en lo más profundo de todos nosotros hará florecer el discernimiento. Ya lo está haciendo. Muchas personas, cada vez más, están viendo más allá de lo aparente, están creciendo desde la humildad y manifestando su presencia, su estar, su Ser. Con su ejemplo y disposición de servicio la luz se expande. La forma va quedando entonces como lo que es, un mero vehículo de manifestación de la consciencia en la dualidad. La forma es perecedera. La consciencia eterna. Y nosotros, queridos todos, somos consciencia.  

14/01/2010 19:15. juanluna #. Espiritualidad

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