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juanluna

Un nuevo año

  Empieza el año 2011, tras las fiestas navideñas como marca la tradición en nuestro país. Muchas personas andan ya preguntandose a sí mismas si el contenido de las susodichas es el que se plantea, y en base a ello modifican su manera de enfocar y reaccionar en lo que a ellas se refiere. Un capítulo importante merecen nuestros niños, la sal de la vida. ¿Es conveniente mantener el montaje de una ilusión falsa que justifica un consumismo voraz? ¿Es mejor decir claramente la verdad y explicar a nuestros hijos lo artificioso y mentiroso de todo lo que se monta alrededor de algo que también es falso? Muchos dirán automaticamente que todo es para mantener en el niño una tradición, una ilusión que les haga alegrarse al justificar las reuniones familiares y recibir los muy diversos regalos que se reciben en esta sociedad del desparrame. Otros dirán que ya es hora de que se venga abajo este castillo de naipes y que por supuesto tenemos que empezar por la base contando toda la verdad (al menos de la que tengamos conocimiento). El primer argumento tiene su principal apoyo en el aspecto emocional ya que se dirige directamente a la alegría que supone para los pequeños el festejar y recibir regalos y que por tanto para qué acabar con una tradición que va pasando de padres a hijos y que no tiene nada de malo continuar. El segundo argumento se apoya en el hecho de que toda mentira debe ser erradicada y que por tanto todo sentir o ilusión que se base en algo falso por extensión también es falso.

  Yo, modestamente, me situaría en medio de ambas posturas. Explicaría al niño o a la persona en cuestión con pelos y señales, percibiendo claramente de antemano a quien me dirijo y por tanto su capacidad de entender o absorver según qué información, las circunstancias que rodean todo y de qué se deriva, así como mi versión de lo que fue y que no tiene nada que ver con lo que se representa, siempre con la humildad por delante. Esto no quiere decir que me meta a mí mismo y a los que me rodean en un caparazón y rechaze de plano todas estas manifestaciones, al contrario, participaría en ellas y las disfrutaría, pero siempre desde la integración y desde la consciencia de lo que es. Es decir, que hay reuniones con comilonas pero donde lo que se transmite son risas, compañerismo y bienestar, aceptado; que hay encuentros con familiares a los que se ve poco pero donde se disfruta el momento y la armonía del mismo dentro de las posibilidades de cada uno, aceptado; que hay cabalgata de "reyes magos" ostentosa pero que es una excusa para unirse, aceptado. Pero, eso sí, consciente del montaje y la parafernalia que rodean todo esto y que crean un mundo de falsa ilusión que no es el más propicio para el conocimiemto de uno mismo y por ende de los demás. Otra cuestión sería cuando todo lo que he descrito no fomenta la unión entre las personas que comparten dichos espacios y dichos momentos. Las familias que se unen porque toca y que en realidad casi no pueden mirarse a la cara deberían o bien hacer un ejercicio de Amor y sanar sus relaciones o bien, si aún no son capaces, de tener la valentía de dejar la obligación y el compromiso atrás y no forzar una unión que no es tal. Todos sabemos de lo que hablo.

  Este año nuevo que nos ha recibido va a seguir con el maremagnun de movimiento exterior que no es más que un reflejo cierto de lo que se está produciendo dentro de todos nosotros, un cambio. Nuestra energía cambia, nuestro cuerpo cambia, nuestros sistemas cambian. El resultado es la manifestación en la vida de rigideces, dudas, desubicaciones...junto con alegrías, armonías, y momentos amorosos más plenos que nunca. Todo depende de las elecciones y el caminar de cada cual. Así que, queridos todos, vivamos el presente, el día a día, con alegría, en paz, y estando alerta a las señales que nosotros mismos, las personas que nos rodean y la vida misma nos trae con cada situación. 

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