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juanluna

Poesía

¿Dónde me buscas?

¡Oh Servidor! ¿Dónde me buscas?

¿No ves que estoy a tu lado?

No estoy en el templo ni en la mezquita,

ni en la Kaaba ni en el Kailash.

No estoy en los ritos ni en las ceremonias,

ni en el yoga ni en las renuncias.

Si eres un verdadero buscador

me verás enseguida;

en un instante me encontrarás.

Kabir dice: "¡Oh Sadhu!

Dios es el aliento de todos los alientos."

 

Kabir, místico indio, SXV.

Poema

El río y sus olas son la misma cosa.

¿Cual es la diferencia entre el río y sus olas?

 

Cuando la ola se levanta, es agua;

y cuando cae, es de nuevo el mismo agua.

Dime, Señor, ¿cual es la diferencia?

 

Por haber sido denominada ola,

¿ya no debe considerarse agua?

 

Dentro del supremo Brahma los mundos existen

como cuentas en un rosario.

Contempla ese rosario con los ojos de la sabiduría.

 

Kabir, Místico indio, SXV

¡Gloria!

¡Gloria! piden

los hambrientos de espíritu

en las iglesias, huerfanos de sentimiento,

sin saber que su alimento

se halla dentro.

 

¡Gloria! piden

al intermediario fraudulento

que les pide un sacrificio

sin fundamento, por unos honores

que no son ciertos.

 

¡Gloria! piden

necesitados de una paz ausente

que llevan consigo

sin saber que tienen.

 

¡Gloria! piden

ocultados en el sufrimiento

esgrimiendo como medallas

sus palos de ciego.

 

¡Gloria! piden

para ver el cielo

cuando si miran arriba

lo ven por entero.

 

¡Gloria! piden

al santo, la santa,

la Virgen o el Padre eterno,

educados en vida

para escucharse en ruegos.

 

¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria!

Y al final...

viven muertos.

 

Una carta

 

Esto es una carta,

una carta indiscreta

que se mete en los buzones huidizos

cuando nadie puede verla.

Escondida de miradas

que le reprochen cualquier desaire,

real o imaginado.

 

Esto es una carta,

un canto a la expresión de un sentimiento

incapaz de permanecer oculto

tras límites represores

que pretenden quitarle importancia.

Un parafraseado con rima amorosa

que no admite crítica alguna

ya que cada palabra, cada sílaba,

está escrita con el alma del enamorado,

correspondido o no,

que sólo busca desplazar terrenos valdíos del corazón

para convertirlos en prados floreados de hermosura.

 

Esta carta no tiene fin ni principio,

puede usted leerla por donde quiera,

incluso del revés si es de su gusto.

Lo que transmite es algo más que gramática dulzona,

está más allá de lo anotado por el lápiz inquieto

que mueve la impaciente mano.

 

Esto es una carta,

una carta que vuela con sus propias alas,

y con las de los demás, si fuera necesario.

La senda de un sentir imprescindible

la tiene bien marcada

y el camino al corazón de destino

no admite demora.

Es una carta donde todos nos damos la mano,

donde la luz escupe oscuridades

de recónditos huecos ocultos por el tiempo,

donde el mar se hace a la vez tempestuoso y calmado,

según el factor que influya sobre sus olas deseosas.

 

Esto es una carta,

y para terminar

no me queda más que una cosa,

acabarla.

 

LLueve

LLueve,

agua limpia, tierra clara,

sedienta, vacía, esperando

ser llenada.

Deseando ser regada,

copos de agua,

a mansalva.

Con esa dulce fragancia

que sin querer te atrapa.

Tierra húmeda. Voz clara.

Las plantas sonríen,

los árboles cantan,

después de la ducha

de la mañana.

Despertando al río,

al placer de ser nada,

miles de partículas

invaden tu alma.

Tierra y agua,

agua clara.

LLuvia...

sana.

Mirar viendo

 

Miro una flor

y sus hojas me bailan

sacudidas por el viento.

Miro al viento

y el aliento de Dios

es surcado por el ave.

Miro al ave

y sus alas me convierten

en ángel enjaulado.

Miro  al ángel

y veo a todas las personas

en el amor de sus profundos ojos.

Miro a las personas

y veo la belleza de la sinfonía vital

en cada intérprete.

Miro al intérprete

y veo el yo universal reflejado

en todas sus manifestaciones.

Miro al yo universal

y me veo a mí mismo amplificado.

Miro dentro de mí

y entonces me encuentro.

Mi sendero está trazado

Fuerzas increíbles

modelan la estructura de lo invisible.

Apaga el interruptor de la mente

y enciéndete al universo.

Muéstrate como eres,

libre de la máscara del prejuicio.

Abre caminos al hermano.

Guía en el amor y la paciencia.

Tu sendero está trazado.

Has de ser el que dé a probar lo olvidado.

El que muestre lo que no debió ser ocultado.

Libre de esquemas, juicios mundanos.

Libre para vivir, sentir, amar, ser amado.

Mucho tiempo llevamos a la ignorancia encadenados.

¡Es la hora! La libertad ha llegado.

Cógela y haz que tu corazón la muestre al ser humano.

Es el momento del cambio.

Felices son aquellos días

  De repente me encontré con un poema de enamorado y para que disfrutéis de mi poesía os lo dejo aquí al lado.

Felices son aquellos días

en que el cielo amanece contigo,

no se mira si es noche o día,

sólo se ve tu ombligo.

Felices son aquellos días

en que tu cuerpo me devora sin aliento.

No sé si existo, si estoy entero.

Soy la verdad y a la vez miento.

Felices son aquellos días

en que los pájaros callan para escucharte.

Me convierto en el mejor receptor de tus ondas,

en mi dial no paro de amarte.

Felices son aquellos días

que en las lianas de tu cabello quedo enredado.

Soy prisionero y también soldado,

pues todos mis batallones consiguen lo buscado.

Felices son aquellos días

en los que pinto el cuadro de tus ojos.

Te miro y lo veo: amor sincero.

Entonces  me siento lleno.

Felices son aquellos días

en los que te cabalgo sin silla, a pelo,

entonces soy el Gerónimo de tus deseos

y no me detiene ni el septimo, el octavo, o el noveno.

Felices son aquellos días

en los que subo a rescatarte de tu encierro.

Soy el libertador de tus besos,

tu manjar, tu alimento.

Felices son aquellos días

en los que todos tus gestos dicen "te quiero".

En esos días vuelo, me elevo.

En esos días me vuelvo inmenso.