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juanluna

Necesito poco

Necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco

Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Ángeles
Caso.

Será porque tres de mis más
queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a
enfermedades gravísima.O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre
que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he
conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas
alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas
malas
como para empezar a colocar las cosas en su sitio.

Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí
cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que
tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de
qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece: ni el éxito, ni el
poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.

Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del
fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los
quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar
en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias
, sobre las que nadie
derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena
verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de
pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre
las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de
oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar
y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su
derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos.

Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de
las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.

A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen
pústulas.

A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir,
pensar y ser.



Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan
sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas
carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce
de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de
cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa
de las músicas.

Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi
conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que
pago con gusto todo el precio que haya que pagar.

Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para
disfrutar de lo bueno
. Un instante de belleza a diario. Echar
desesperadamente de menos a los que tengan que irse, porque tuve la suerte de
haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando
cada vez que algo lo merezca
, pero no quejarme de ninguna tontería. No
convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase.

Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que
valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada o
todo.

El yo global

 

Cuando siento lo que digo

y lo que digo siento

es cuando soy yo mismo,

cuando me percibo.

Cuando soy humano,

mundano y hasta venusiano.

Cuando lo que es Es,

el todo es parte

y la parte todo.

Cuando se va el creer

me inunda el saber

y nada explico,

no lo necesito.

Las palabras son recipiente

demasiado pequeño

para contener el universo.

Las fronteras no existen,

tampoco el tiempo.

Desde una simple brizna

al sol más esplendido

todo está ahí,

lo llevo dentro.

Desde una simple nota

al manantial del cielo

todo está ahí,

lo siento.

Soy infinito. Soy global.

Soy tú y yo al mismo tiempo.

Soy una flor en brazos del viento.

Soy el jardín, el jardinero,

el caballo y el caballero.

Cualquier obra, cualquier lienzo.

Cuando siento lo que digo

y digo lo que siento,

soy el universo.

 

 

Juan Luna, del libro "Unidad Consciente".

 


Señales

"El que tenga oidos para oir que oiga. El que tenga ojos para ver que vea". Esta frase tomada de los Evangelios lo dice claro. Nos está manifestando como sintonizando con la verdad esencial que reside en nosotros la vida se nos llena de respuestas y en cada paso de nuestro caminar se reproducen las confirmaciones, los guías, los detalles...que no hacen sino dar al ritmo de nuestro andar un sentido personal y único que a su vez está en sincronía con lo que ocurre a nuestro alrededor. Así se nos enfoca al hecho de que cada circunstancia que experimentamos se vuelve subceptible de comunicarnos algo desde lo profundo, lo trivial desaparece para dar paso a lo absoluto. La fruta que eres, ya madura, se desprende de un envoltorio que ya quedó obsoleto. Necesitabamos de su acogedora protección en los tiempos oscuros de la ignorancia de nosotros mismos, pero ahora, sí ¡ahora! los artificios se disuelven, si así lo eliges, y la autenticidad es la motivadora de tus actos.

Desde un libro, pasando por una canción, hasta llegar al silencio, todo te comunica. No hay apartados, eres tú mismo hablándote a través de tu experiencia compartida con otro u otros que no son tal puesto que sigues siendo tú, siempre tú. Una y otra vez me siento encaminado a comulgar con lo sencillo donde se me muestra la evidencia constante de la belleza de la creación de la que soy parte. En Hojas de Hierba de Walt Whitman (poeta americano de la segunda mitad del S.XIX) se dice así :

"Descansa conmigo en la hierba... Suelta el freno de tu garganta, ni palabras ni música ni poesía quiero... ni historia ni discurso, ni siquiera los mejores, sólo me gusta el murmullo, el susurro de tu voz templada".

Este poeta y místico, constante trascendedor de la dualidad, a través de su identificación con las personas, la naturaleza, los estados...nos invita a comunicar con la voz callada, a susurrar para poder cantar el mensaje armonioso que nuestra alma emite a la sinfonía universal de la vida. Como él, muchas otras señales me comunican la aceptación plena, la ausencia de identificaciones, soberanas o no, de etiquetas, de juicios, y de palabrería insensanta que es la tendente a inundar el imaginario colectivo del diario cotidiano. Las tomo, las abrazo, las hago mías y haciéndolas mías las convierto en silencio. ¿Ruidoso? quizás ¿Altisonante? tal vez pero este silencio no espanta la llamada de nuestro inmenso corazón demandante. Una y otra vez se me plasma el mensaje de lo que Es y yo os lo transmito. Imágenes, sonidos, situaciones...Todo

En su canción Frozen (Congelado) Madonna nos canta "You are Frozen when your heart not open" (Estás congelado cuando tu corazón está cerrado). En un video de la cantante Kathy Perry titulado Firework se muestran corazones que al abrir los brazos lo llenan todo de luz. En medio de una situación eminentemente emocional se me aparece la canción de Shakira Suerte diciendo "Contigo, mi vida, quiero vivir la vida. Lo que me queda de vida quiero vivir contigo". The Beatles, en sus comienzos, cuando estaban deprimidos se decían "¿Adonde vamos chicos?- A la cumbre, Johnny.- ¿Y donde está eso?- En lo más arriba de lo más alto.- Eso." Y vaya si lo lo lograron. Chambao nos canta "Pokito a poko entendiendo que no vale la pena andar por andar que es mejor caminar pa ir creciendo". ¿Y qué me decís del cine? Hay tantas muestras de esta consciencia del Ser que os hablo. La película Maktub ( en árabe "lo que está escrito") es otra gran obra que en clave de comedia nos muestra que el caminar de cada uno es especial y a la vez está en sincronía con el de los demás. "La variedad es la Unidad y la variedad en la Unidad es la ley suprema del universo" (Macaco esta vez). Lo dicho "Quien tenga oídos para oir que oiga y ojos para ver que vea".

Os amo.

Días portales

De Belén, dimensionales, caseros, del doce del doce o quizás del veintiuno (también del 12), de portales rodeados estamos. A algunos compañía le han quitado (la mula y el buey se han marchado), a otros allá vamos transformados de oruga a mariposa o mariposón, según de qué hablamos. Los penúltimos todos los días pisamos, inundando suelo urbano, sin portero o con portero, como los amigos de la calle goles, que menudo equipo han formado. Finalmente llegan los numerológicos, en fechas bien plantados, donde ceremonias energéticas tienen su cubículo asegurado. Detrás de todos ellos estamos nosotros, tú, yo, y el de al lado, los amados, creador y creación cogidos de la mano. Unas manos limpias, que sanan, unidas por el Amor que nos hace disfrutarnos, en la consciencia del Ser, de lo puro manifestado. La magia se extiende, si la dejas, sin trucos ni sobresaltos, bailando, contigo, con la vida, con todo lo creado, para llenar cada acto. Sin miedos, sin límites, mas que los que decidas de antemano. No te das cuenta que eres Dios, sí, Dios jugando, con todas sus celulas que forman universos, dimensiones y astros. Y tú eres el Todo andando. ¿Niveles? ¿Maestros? ¿Ascensiones? coge tú el fruto, eres el árbol, la rama, la hoja...siempre lo has sido y ahora lo estás recordando. El salón de los espejos ha abierto sus puertas de par en par para que te mires, por todos lados, no podrás evitarlo. Tus ojos se abrirán (estaban cerrados) y verás de verdad, con el corazón como faro.

El mañana nunca se conoce

Me encontré con esta canción de John Lennon que mezcla sentires con efectos muy característicos (los sonidos de las gaviotas, por ejemplo). Un canto al interior, al encuentro con ese vacío que no es más que el descubrimiento en ti de la esencia de la que eres todo y parte a la vez.


El mil veces nombrado

  Es tarde en las lejanas tierras donde el olvido plantó sus frutos. Es tarde y la noche desasosegada da paso a un amanecer de nuevas vivencias donde el recuerdo es el protagonista. Las almas nobles, largo tiempo escondidas, acuden en avanzadilla a reflejar una luz que nunca les ha sido extraña. Es el despertar de los despertares el que hace que un pueblo nuevo se levante, y yo me levanto con ellos. Ya quedaron atrás las vistas oscuras de paisajes malditos por un tiempo innecesario. Ahora reina la amplitud de lo ilimitado y nada va a poder escapar del renacer de su gloria.

  El bendito ha germinado en boca de los corazones entusiastas que no pueden evitar llamarlo por su nombre a cada momento. Un nombre tantas veces nombrado que no conoce de palabra alguna que pueda nombrarlo. Nuestro vocabulario se sonroja al no tener cabida para la descripción del misterio unánime que se avecina. Un sinfín de manos, con los dedos entrelazados, cantan al cielo, a la tierra, a la vida, siguiendo una armonía conscientemente deliciosa que no tiene parangón. Mientrás, algunos siguen agarrados a lo superfluo de la creencia, pero incluso ellos, caballeros de lo antiguo, perderan la memoria de lo que no existe para abrirse a un mundo nuevo.

  Así, expandido, expandiéndonos, nos descubrimos en la nueva humanidad que nace desbordante. Nos regocijamos de la autenticidad ignorada que ha surgido en nuestro interior y creamos.  


Mi planeta

  Erase una vez un Universo llamado el Universo del Amor. Este universo era infinito y estaba compuesto de miles y miles de millones de otros Universos que eran a su vez los componentes de esta infinitud, siendo infinitos en sí mismos. Dentro del universo había infinidad de galaxias, con sus sistemas, con sus estrellas y con sus soles, pero había un sol que por su luz destacaba, completaba y era parte de todos los demás soles, este sol se llamaba Esencia. Lo llenaba todo con su luz, desde lo más pequeño a lo más grande todo estaba impregnado de esa luz que era amorosa, creadora, transformadora e inspiradora de todas las cosas que existían y las que estaban por existir. Todo se desarrollaba en ciclos llenos de armonía que manifestaban un cambio continuo, una sinfonía de colores, de melodías y de hechos, que, como cualquier fuente creadora, independientemente de su tamaño pues todo en sí es creación, se retroalimentaba. Un juego maravilloso sin fin se desarrollaba con plenitud, danzando, cantando, riendo, creciendo, apareciendo, desapareciendo. Todo es aceptado, todo es Uno en el Universo del Amor.

  No obstante, existía un planeta llamado el planeta del Ego. Este planeta, aun siendo una manifestación más de la vida que se manifestaba con increible belleza por todas sus arterias, se empeñaba en no vivir en la aceptación y el amor que eran los santos y señas de éste y de todos los Universos. Este planeta se cerraba en creer que era el centro del Universo y que nada era más importante que él. Tanto es así que desconocía que su Universo, que era a su vez parte y todo de multitud de Universos, se llamara el Universo del Amor, por tanto, simplemente lo llamaba Universo, apoyado a la vez en su idea previa de que era lo único que existía e ignorando encarecidamente la ley del Amor. El planeta del Ego no hacía otra cosa que ir a la contra intentando alterar sus ritmos naturales, moviéndose de manera ostentosa fuera y dentro de la partitura de la sinfonía de lo creado. Esto le suponía, sin saberlo, sufrimiento, dolor y mucha tensión, pues la energía pasaba por él a trompicones. El planeta del Ego tenía a su vez sus satelites que de modo más o menos continuado giraban a su alrededor. Estos satélites se llamaban de manera general máscaras. Estaba la máscara de la familia, la de los amigos, la del trabajo, la del tiempo libre...etc Pero el más grande de todos era el satélite del yo. Este era casi tan grande como el planeta del Ego y alimentaba una y otra vez de una manera casi visceral la idea de individualidad, de separación del Todo, con lo cual transmutaba pensamientos y emociones en la creencia firme de que al final todo se reducía a lo que los habitantes del planeta llamaban lo mi, lo mío. Así, desde esta perspectiva individualista, alienante y limitadora, se fueron viviendo experiencias una tras otra hasta que un determinado día del momento único absoluto el planeta del Ego y todo lo que giraba a su alrededor, tras muchas tormentas y desequilibrios, se empezó a transformar. Oyó una nota de la sinfonía divina en la lejanía y decidió ponerse a escuchar. Paso a paso esa nota fue percibida más claramente hasta darse cuenta de que era su nota. En ese momento no pudo evitar empezar a moverse a su son, de manera natural, delicada, sublime, fue sintonizando con ese Amor inmenso del que estaba lleno nuestro Universo del Amor y todo cambió. Los satélites pasaron a llamarse: Aceptación, Equilibrio, Plenitud, Abundancia... y seguían en plena sincronía la cadencia de su amado planeta, que, por cierto, también cambió su nombre, ahora se llama el planeta Corazón.

Y no paro de dar gracias

No puedo hacer otra cosa que agradeceros y agradecerme. Este pasado sabado tuve el placer de compartir con alrededor de cuatrocientas cincuenta personas grandes momentos de Amor colectivo. El taller de mi amigo Emilio Carrillo sirvió esta vez de acontecimiento para que la energía de los corazones al unísono, en comunión, se manifestara con amplitud. Gracias a ti, Emilio, por ser el instrumento a través del cual la Esencia nos unificó. Tu extenso saber, tu sabiduría, aun forzosamente coartada por el limitado caudal del lenguaje hablado del que, por supuesto, eres un gran maestro, vibró en todos los presentes con una fuerza, con una luz, con una belleza...inenarrables. Tu mensaje de autenticidad, de humildad, de sencillez, se hacía eco en todos nosotros.
Ciertamente que la información que diste, querido Emilio, fue extensa, constructiva y practica, pero yo, como ya sabes, me voy más al sentir. Cada palabra tuya es mia y también de todos los demás presentes en la sala. No obstante, en mi caso particular tus palabras me sirvieron sobre todo de confirmación. Desde que nos conocimos, allá por diciembre del 2009 (en esta vida claro está), nuestro Amor se manifestó de una manera natural, por lo que la fluidez era la reina de los momentos compartidos y la comunicación se daba de forma instantánea, practicamente sin palabras. Tú fuiste la puerta para que conociera a muchos más hermanos a los que, excusándome, no nombro porque no quisiera dejarme alguno sin mencionar. Todo esto lo volví a comprobar, a vivir, a sentir y a disfrutar multiplicado el pasado sabado.
Al terminar la jornada recibi y dí tanto en cada abrazo que casi parecía flotar debido a la energía amorosa que me invadía. No pudo haber mejor broche a tus palabras, Emilio, que esa comunión de silencios y abrazos agradecidos por el mero hecho de Ser y compartir la felicidad del momento vivido. Por ello me reitero en mi agradecimiento a todos y cada uno. Qué belleza en las palabras de místicos como San Juan de la Cruz (con el que comparto nombre)o Santa Teresa de Jesús, con ellos me tienes aun más en el bolsillo del mensaje divino, querido amigo.
"Quedéme y olvidéme el rostro recliné sobre el Amado cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado."

San Juan de la Cruz, Noche Oscura, canción 8
Os Amo.