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juanluna

Abandonarme a lo que soy para dejar de ser

El manifiesto de lo que no es está concluyendo su epitafio.

Y en los estertores del fallecer

amanezco y renazco.

A la vida real del que no tiene nombre,

del que es todo y nada al mismo tiempo.

Al absoluto despierto,

y cuando duermo

es para ver lo que los ojos abiertos me han ocultado.

Mis brazos se hacen uno en el abrazo entregado.

Al amor, al humano, a todo el que se cruze por mi lado.

Y callo.

Callo para hablar con el silencio como única palabra.

Callo para decir lo que no puede ser dicho de otro modo.

Callo para decirte calla.

¡Callémonos juntos!

¡Cállate a ti mismo!

para poder oírte

como nunca te has oído.

Y Ama. Ámate. Ámame. ¡Ama!

Encontrarás el Amor absoluto,

y verás, verás que lo llena todo,

verás como te llenas de todo.

Eres el Todo.

De lo más pequeño a lo más grande

se halla en ti representado.

¡Vívelo! ¡Siéntelo! ¡Ámalo!

Reconócete en la vida para ser Uno

soltando amarras que ningunean tu existencia.

Abandónate, abandóname,

me abandono.

Abandonarme a lo que soy

para dejar de ser

y darme cuenta así

que siempre he sido.

 

Materia versus Espíritu

La necesidad o carencia de lo que creemos necesario determina una situación consciencial que se manifiesta en la menor o mayor presencia del Ser. En demasiadas ocasiones arrastrados por el devenir diario de autoexigencia nos engañamos a nosotros mismos justificando unas necesidades que son pura ilusión. El materialismo nos engancha con su burda vibración y nosotros como pipiolos asustados corremos a darle su parte en nuestras vidas, que en ocasiones resulta ser tan amplia que nos ahoga por completo. Cierto es que somos materia y que por tanto tiene su función y merece su atención. Es nuestro anclaje, nuestro agarre, nuestro abrazo continuo con la Madre Tierra creadora, dadora y engendradora de vida en toda su diversidad. ¿Acaso para huir de la alienante existencia que se ha creado el ser humano no acude a la naturaleza, al mar, al bosque, a la montaña? Ese algo que vibra constantemente en nuestro interior no se cansa de insistirnos y de llevarnos allí donde las oportunidades de encuentro con nuestra Esencia están más a flor de piel. Sí, finalmente todo depende de nosotros, de nuestro libre albedrío, de nuestro empuje, de nuestras ganas, de nuestra apertura, de nuestro amor.

  Queridos, la paz está aquí, siempre ha estado aquí y ya es hora de que os encontréis con ella. Ese estado perpetuo de no necesidad, de no dependencia, de soledad complacida, de ligereza, de armonía, de musicalidad, de alegría, de confianza, de plenitud... Ese estado sois vosotros, son ellos, eres tú, soy yo. ¡Creedlo! ¡Creadlo! Y situaos de este modo en lo que verdaderamente Es. A vuestra manera, a vuestro modo, a vuestro ritmo, el no-tiempo es el que marca este encuentro con el Todo que eres y que siempre has sido. Vive tu Ahora con agradecimiento. Abre los brazos a la vida generosa que no desea otra cosa que otorgarte sus dones. Los problemas, las dificultades, los tropiezos, no son más  que mecanismos de avance convocados por el arte de darse cuenta. Acéptalos y trata de vivirlos constructivamente como una bendición, como una gran oportunidad de ver la grandeza, tu grandeza.

  A poco que lo vayas consiguiendo la vida será como un baile de continuo disfrute donde todas las coreografías son Una, porque tú y el Todo sois Uno. Entonces lo lograrás. Tu baile será único e inimitable, y a la vez suave, fluido, armonioso, y en sincronía con el de todas las criaturas manifestadoras que te acompañan en este viaje. Tu visión se ampliará, de ver tu paso como el único valido pasarás a ver el de los demás como parte del tuyo. De ver sólo tu espacio pasarás a ver el salón entero, después los salones contiguos, después la casa de los salones y más tarde todas las casas que se mostraran infinitas y contentas de tu visita consciente.

  Así que practica el disfrute de lo sencillo y te encontrarás. Usa tu multidimensionalidad como paleta maravillosa de tu arte de vivir. Usa la materia, lo más denso, para tocar, para mostrar sin tapujos ese calor humano que te alimenta, que te nutre, que te hace vibrar a través del templo de tu cuerpo físico. Y usa a su vez tus otras dimensiones, las más sutiles, para comunicar, intuitivamente, telepaticamente, de corazón, viviendo un eterno ciclo de reconocimiento de ti, y vuela, que para eso tienes alas.

Una llamada al Amor

 
¿Puedes imaginar una vida en la que te niegues a disfrutar de una sola palabra de aprobación y de aprecio o a contar con el apoyo de un brazo amigo; una vida en la que no dependas emocionalmente de nadie, de manera que nadie tenga ya el poder de hacerte feliz o desdichado; una vida en la que no necesites a ninguna persona en particular, ni ser especial para nadie, ni considerar a nadie como propio? Hasta las aves del cielo tienen nidos y los zorros guaridas, pero tú no tendrás dónde reposar tu cabeza a lo largo de tu travesía de la vida.
 
        Si alguna vez llegas a ese estado, al fin sabrás lo que significa ver con una visión despejada y no enturbiada por el miedo o el deseo. Y sabrás también lo que significa amar. Pero para llegar a esa región del amor deberás soportar el trance de la muerte, porque amar a las personas supone haber muerto a la necesidad de las mismas y estar absolutamente solo.
 
        ¿Cómo se llega ahí? A base de un incesante proceso de concienciación... y con la infinita paciencia y compasión que deberías tener para con un drogadicto. También te ayudará el emprender actividades que puedas realizar con todo tu ser; actividades que de tal manera te guste realizar que, mientras te ocupas en ellas, no signifique nada para ti ni el éxito ni el reconocimiento ni la aprobación de los demás. E igualmente útil te será volver a la naturaleza: despide a las multitudes, sube al monte y comulga silenciosamente con los árboles y las flores, con los pájaros y los animales, con el cielo, las nubes y las estrellas. Entonces sabrás que tu corazón te ha llevado al vasto desierto de la soledad, donde no hay a tu lado absolutamente nadie. Al principio te parecerá insoportable, porque no estás acostumbrado a la soledad. Pero, si consigues superar los primeros momentos, no tardarás en comprobar cómo el desierto florece en amor. Tu corazón romperá a cantar, y será primavera para siempre.
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Fuente: Anthony de Mello. Una Llamada al Amor (Meditación 23)

Libre

¿Qué es ser libre? ¿Lo somos o creemos serlo? ¿Hemos experimentado alguna vez la verdadera libertad?

Grandes preguntas que sólo pueden tener grandes respuestas. Preguntas que necesitan de un cierto grado de introspección, de investigación dentro de uno mismo, de consciencia de lo que realmente es. En la mayoría de los casos, y me incluyo, practicamente nunca hemos experimentado lo que es la libertad, si acaso la hemos vislumbrado. Hubo, hay y habrá múltiples acepciones que pretenden dilucidar el significado de tan renombrado concepto pero es algo que desde el mismo momento que se pretende conceptualizar pierde toda su Esencia. Es algo que o se percibe, se vive y se disfruta a través del corazón, o está delante de nuestras narices y ni siquiera llegamos a olerlo. La libertad, como casi todo, solemos crearla en base a nuestra teórica situación con respecto al otro, a los otros, o a las diversas circunstancias que nos puedan rodear en ese momento y en donde depositamos la responsabilidad de su existencia o carencia. Craso error, pues el responsable siempre eres tú. El mundo de las justificaciones y argucias de la esfera mental está tan machacado que el ruido no nos deja en realidad pensar, y lo que pensamos está tan retocado que si tuvieramos que volver atrás al origen de todo sin lugar a dudas nos perderíamos.

Silencio hermanos. La llave para el camino de vuelta a casa que nos permite conocer nuestra auténtica libertad está escondida en el cofre de los tesoros del silencio de nuestra alma inmortal. Menos hablar, menos pensar y más amar, más Vivir, en libertad.

Pobrezas

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre sólos.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.

Del libro "Patas arriba. La escuela del mundo al revés" de Eduardo Galeano.

Perdí tu nombre una mañana

 

Una mañana perdí tu nombre.

Mi boca se llenó de tu ausencia

y la añoranza de tu palabra

me dejó la voz dormida.

Quise despertarla

y tanto la llamé

que me quedé sin habla.

En el rincón del olvido

mudo me hallé

y entre recuerdos dormidos

me desperté.

Perderte creí

pues no sabía pronunciarte

sin decir nada.

Entonces te ví.

Mi lengua respondió a tu mirada

y encontré tu nombre

agarrado a mi alma.

La sonrisa extasiada

  La sonrisa que se dibuja en tu cara cuando los vapores del placer han elevado tu rostro es tan sublime que mi belleza se apaga al contemplarte. 

Sentirte es sentirme sumergido por la nada del todo en un instante único que parece no tener final.

Me muevo y vuelo contigo deslizándome por las dunas de tu cuerpo que dejan de ser desierto para convertirse en agua y así fluir juntos en los mares inquietos de la calma extasiada.

¡Vámonos! te digo, vámonos juntos a aquellos lugares donde el inaudito se hace presente, donde lo increíble se hace común. Y una vez más, acompañándote, no me queda más que respirarte, llenarme de ti, sentirme pleno.

Dedicado a Cristina.

La nada

  Este es el vacío nombre de ese algo que acababa con todo y detrás de lo cual sólo quedaba la sensación de ausencia de lo que antes allí estuvo. En mis sueños infantiles fue el horrendo mal que, fabricado por la pluma de Michael Ende, acababa con el reino de fantasía gobernado hasta entonces por la emperatriz infantil, musa a la sazon de cualquiera de nosotros que, al igual que ella no eramos más que inocentes puberes que veían como su reino más preciado (el de la imaginación) estaba siendo poco a poco destruido debido a que abandonabamos nuestros sueños habilmente arrastrados por una programadora realidad adulta que nos pretendía fijar el cómo, el qué, el cúando, el dónde y el de qué manera. Que nos pretendía imponer el ser, el existir, el vivir.

  Todos esos niños de entonces somos ya adultos, hemos hecho lo que hemos podido (lo seguimos haciendo) y continuamos reconociéndonos, viéndonos y aprendíendonos en el compartir, con uno mismo y a partir de ahí con los demás, que vuelven a ser uno mismo. En este caminar variopinto existen multitud de senderos, de atajos, de laberintos, de avances, de retrocesos, de ritmos... tantos como seres humanos hay sobre la faz de la Tierra. Y recordamos, sí, cada vez está más claro en nosotros el recuerdo de lo que somos. Así, nacemos a algo que nunca ha muerto, que siempre ha estado ahí y que siempre estará, la Eternidad. Pero no se puede vivir en la consciencia de lo eterno, de lo que Es, si no aceptamos. Y qué es aceptar, me diréis. Aceptar es Vivir en plenitud, en el Ahora, en la consciencia del Momento Único Presente. Es fluir con los ciclos vitales del Universo en todas sus dimensiones. El día tiene sus ciclos, la luna tiene sus ciclos, la mujer tiene sus ciclos, las estaciones tienen sus ciclos, tú y yo tenemos nuestros ciclos. En definitiva, el Universo, los Multiversos, Los Omniversos, tienen sus ciclos. Todo en sí mismo dentro de su eterna condición es un ciclo y no hay mayor comunión con esa naturaleza eterna que nos es propia que el estar en consonancia y fluyendo con dichos ciclos. "El mar cuando se levanta convertido en ola es agua y cuando cae despavorido en los rompientes ¿no es acaso el mismo agua?"

  Ya es hora de que rompamos con estos límites autoimpuestos que distinguen lo que es posible de lo que no, lo que es fantasía de lo que es realidad. Ya es hora de que seamos auténticos creadores de una vida plena llena de armonía. Atrevámonos a sembrar la cosecha de un nuevo mundo que nos espera. Muchos lo estamos haciendo a medida que nos vamos reconociendo, compartiendo, acompañándonos, amándonos. ¿Quieres salir de la nada? Aquí tienes mi mano y con la mía muchas más. Yo soy otro tú.